Appointment
With The Critic
Doctor,
I bring you a reclusive poetic ego
to be examined
under your magnifying glass.
May he confess
to you his narcissism with verbs,
the darkness
accumulated under his fragile walls,
his uncontrollable
anger at wax statues;
why he refuses
to be constructed by dreams
and deconstructed
by the chalk of long nails;
how his sobs
crackle in chiseled stanzas
and a well-behaved
silence mutes his screams.
May he tell
you of his senseless games with the moon,
a faithful roundness
that visits him each evening,
and of the tempestuous
nightmares with rootless initials.
Check if he
is made of another essence, this double that loves
my lovers and
reveals my forgotten expressions,
my fruits, bones
that bloom smiling in the night;
if his parents
have died; if he is a lost bird
going from temple
to temple, pale towers,
crashing sometimes
into hearths, windows and fires.
May he describe
the rosary of his orgasms, his prolific sword,
the thousand-pain
chains suffered by others, for whom he prays every day
and why he dresses
stylishly and strips in public
defying at his
whim countless rules and advice.
May he open
his trunks holding the rags of mirrors, smoke, echoes
with the murky
softness of three jumbled codes
and also the
heart that violently rows melodies
of love and
loss, tunes at once classical and profane.
That
ego, fearsome and fragile like an angel,
had the audacity,
the curse and the luck to write poems.
When
you, doctor, explain him,
perhaps we all
will understand each other.
Translated
by Yvette Neisser Moreno
Turno
Con El Critico
Doctor,
le traigo un yo poŽtico recluso
para
que lo examine bajo su lupa.
Que
le confiese su narcisismo con los verbos,
la
oscuridad acumulada bajo sus fr‡giles muros,
sus
enojos incontrolables con las estatuas de cera;
porquŽ
rehusa ser construido por los sue–os
y
desconstruido por tizas de u–as largas;
c—mo
sus sollozos crujen en estrofas cinceladas
y
un silencio bien portado enmudece sus gritos.
Que
le cuente sus juegos insensatos con la luna,
redondez
fiel que cada tarde lo visita,
y
las tempestuosas pesadillas con iniciales sueltas.
Indague
si est‡ hecho de otra esencia, doble que ama
mis
amantes y destapa mis gestos olvidados,
mis
frutos, huesos que florecen sonrientes en la noche;
si
sus padres se han muerto; si es un p‡jaro perdido
yendo
de templo en templo, torres mortecinas,
chocando
a veces con lumbres, ventanales y fuegos.
Que
le detalle el rosario de sus orgasmos, su sable prol’fico,
las
cadenas de mil dolores que a diario por otros reza
y
porquŽ se viste de estilo y se desnuda en pśblico
desafiando
con su capricho hartos c‡nones y consejos.
Que
le abra sus baśles con harapos de espejos, humos, ecos
con
la suavidad turbia de tres c—digos promiscuos
y
tambiŽn el coraz—n que rema violentamente melod’as
de
amor y de pŽrdida, tonos cl‡sicos y a la vez profanos.
Ese
yo, temible y fr‡gil como un ‡ngel,
tuvo
la audacia, la culpa y la suerte de escribir poemas.
Cuando
usted, doctor, lo explique,
acaso
todos nos entendamos.
Washington
D.C., 28 de Junio de 2002